-¿Quieres que te hable de él? Él era... mi canción favorita, una de esas canciones míticas que sabes que te gustarán siempre y no te podrás cansar nunca de escuchar.
Él era así, era como un beso de buenos días que va acompañado de una sonrísa mañanera, o como una ducha caliente un día de nevada.
Era como un abrazo, como un abrazo de esos que necesitas, era como una de esas melodías que sueles tararear cuando el niño te domina.
Conociendole, sé que tú también habrías matado por ser ese cigarro con el que comparte el aire.
Le quise por saber dar vida con un par de miradas. Porque era él, era yo, y porque nos bastaba así, sin más.
¿Sabes qué más te podría decir para que me entendieses? Podría decirte que él era todo, pero no en el sentido típico de la palabra, todo de verdad. Todo aquello que, una vez lo pierdes, piensas que ya la vida no sirve más que para darte copias baratas e imitaciones absurdas.
La mejor canción de amor que hayas escuchado jamás, y es que existe un antes y un después de él, siempre ha existido...
No hay comentarios:
Publicar un comentario